domingo, 24 de mayo de 2015

La Conciencia no es “un flujo continuo”


The New York Times 08 de mayo 2015

Autor: GREGORY HICKOK
Traducido por: Ana Toral

En 1890, el psicólogo estadounidense William James comparó nuestra experiencia consciente con una corriente. "Un ’río‘ o un ‘arroyo ‘ son las metáforas mediante el cual se describe usualmente", escribió. "Al hablar de ella en adelante, vamos a llamarlo la corriente de pensamiento, de conciencia, o de la vida subjetiva."



Si bien no hay duda de la idoneidad de esta metáfora en la captura de nuestra experiencia subjetiva del mundo, recientes investigaciones han demostrado que la "corriente" de la conciencia es, en realidad, una ilusión. En realidad, percibimos el mundo en pulsos rítmicos más que como un flujo continuo.

Algunos de los primeros indicios de este nuevo entendimiento llegó ya en el 1920, cuando los fisiólogos descubrieron las ondas cerebrales: las corrientes eléctricas rítmicas medibles en la superficie del cuero cabelludo por medio de electroencefalografía. Las investigaciones posteriores han catalogado un espectro de tales ritmos (ondas alfa, ondas delta, etc.) que se correlacionan con diferentes estados mentales, tales como el estado de alerta, en calma y el sueño profundo.

Los investigadores también encontraron que las propiedades de estos ritmos varían con eventos perceptivos o cognitivos. La fase y la amplitud de sus ondas cerebrales, por ejemplo, pueden cambiar si ve o escucha algo, o si aumenta su concentración en algo, o si cambia su atención.

Pero esos descubrimientos iniciales no cambiaron el pensamiento científico sobre la naturaleza de la percepción consciente como de una corriente continua. En cambio, las ondas cerebrales se vieron en gran medida como una herramienta para indexar la experiencia mental, al igual que las olas que un barco genera en el agua se pueden utilizar para indexar el tamaño de la nave y su movimiento (por ejemplo, más grande las olas, más grande es el barco).

Recientemente, sin embargo, los científicos han cambiado su forma de pensar al respecto. Estamos explorando la posibilidad de que los ritmos cerebrales no sean únicamente un reflejo de la actividad mental, sino una causa de ella, ayudando a dar forma a la percepción, el movimiento, la memoria e incluso la misma conciencia.

Lo que esto significa es que el cerebro capta el mundo en pulsos rítmicos, tal vez incluso en periodos discretos de tiempo, al igual que los fotogramas de una película. Desde la perspectiva del cerebro, la experiencia no es continua sino cuantizada.

Otra pista que condujo a este descubrimiento fue la llamada ilusión carro-rueda, en la que los radios de una rueda a veces se perciben como invirtiendo la dirección de su rotación. Esta ilusión es fácil de inducir con una luz estroboscópica si la rotación de la rueda es tal que cada destello estroboscópico captura la ubicación del radio ligeramente por detrás de la ubicación capturada en el flash anterior, dando lugar a la percepción de movimiento inverso. La ilusión resulta de "captar" la escena en fotogramas o periodos discretos de tiempo.

El hecho impactante, para los científicos de la percepción, es que esta ilusión también puede ocurrir durante la observación normal de una rueda giratoria, en plena luz del día. Esto sugiere que el propio cerebro, incluso en ausencia de una luz estroboscópica, está muestreando el mundo en fotogramas.

Los científicos han descubierto todavía más pistas. Resulta, por ejemplo, que nuestra capacidad para detectar un evento sutil, como un ligero cambio en una escena visual, cambia en el tiempo, oscilando entre una sensibilidad perceptual mejor o peor,  varias veces por segundo. Las investigaciones muestran que estos ritmos se correlacionan con ritmos eléctricos del cerebro.



Si eso es difícil de imaginar, aquí está una analogía: Imagínese tratando de ver a un animal a través de una niebla arremolinada y espesa   que varía en densidad, ya que se desplaza. La distinción de la forma del animal oscilará con la densidad de la niebla, alternando entre períodos de relativa claridad y opacidad. De acuerdo con experimentos recientes, así es como nuestros sistemas perceptivos muestrean el mundo - pero en lugar de la niebla, son las ondas cerebrales las que impulsan las oscilaciones.


Esto no quiere decir que el cerebro baila a su propio ritmo, arrastrando la percepción en el viaje. De hecho, parece que funciona a la inversa: Los ritmos en el medio ambiente, como los de la música o los del habla, puede arrastrar las  oscilaciones neurales a su tempo, sincronizando efectivamente los ritmos del cerebro con los del mundo que nos rodea.

Considere un estudio que realicé con mis colegas, de próxima publicación en la revista Psychological Science. Presentamos a los oyentes un ritmo de tres tiempos por segundo (un sonido pulsante "bum") durante  sólo un par de segundos y luego pedimos a los oyentes que trataran de detectar un tono leve inmediatamente después. El tono fue emitido con un retraso de entre 0 y 1,4 segundos después de que terminara el sonido rítmico. No sólo encontramos con que la capacidad de detectar el tono leve variaba con el tiempo hasta en un 25 por ciento - que es mucho – sino que  lo hacía precisamente en sincronía con el ritmo previamente oído de tres tiempos por segundo.

¿Por qué el cerebro hace esto? Una teoría es que es la forma que utiliza el cerebro para centrar la atención. Imagínese un café ruidoso lleno de voces, golpes de platos y música de fondo. Si atendemos  a una corriente acústica especial - por ejemplo, la voz de su compañero de almuerzo - nuestro cerebro sincroniza  su ritmo al ritmo de la voz y mejora la perceptibilidad de esa corriente, mientras suprime otras corrientes, que tienen sus propios y diferentes ritmos. (En términos más generales, este tipo de sincronización ha sido propuesta como un mecanismo para la comunicación entre las redes neuronales dentro del  cerebro.)

Todo esto apunta a la necesidad de una nueva metáfora. Deberíamos hablar del "ritmo" del pensamiento, de la percepción, de la conciencia. Conceptualizando nuestra experiencia mental de esta manera no sólo es más preciso, sino que también sitúa a nuestra mente en el contexto más amplio de los ritmos diarios, mensuales y anuales que dominan nuestras vidas.



Gregory Hickok, es profesor de ciencias cognitivas de la Universidad de California, Irvine, y es el autor de "El mito de neuronas espejo: La Neurociencia Real de la Comunicación y la Cognición."


Publicación Original: http://www.nytimes.com/2015/05/10/opinion/sunday/its-not-a-stream-of-consciousness.html?rref=collection/column/gray-matter&module=Ribbon&version=context&region=Header&action=click&contentCollection=Gray%20Matter&pgtype=article&_r=0