jueves, 5 de marzo de 2020

Las neuronas que responden a la novedad



 Cuando los ratones ven imágenes desconocidas, ciertas neuronas en la parte visual de sus cerebros se aceleran. Los científicos piensan que estas neuronas podrían estar involucradas en el aprendizaje.


Los ratones que forman parte del Observatorio para el Cerebro Allen tienen una tarea difícil. Una serie de imágenes parpadea frente a sus ojos, y los animales deben señalar cuando esa imagen cambia de identidad lamiendo una pequeña tromba que cuelga frente a ellos.

“El ratón está jugando efectivamente un videojuego. Está viendo imágenes en una pantalla y tomando decisiones, pero en lugar de hacer clic en un controlador de videojuego, lame una pipeta", según Marina Garrett, investigadora. “Las imágenes se repiten en una secuencia que irá algo así como flor, flor, flor, oso. Eso es lo que tienen que detectar, el cambio de flor a oso, y tienen que responder muy rápidamente".


Una colección de imágenes de escenas naturales del Instituto Allen.


Antes de poner a prueba a los ratones, el equipo de investigación los capacita en la tarea. Y antes de ese entrenamiento, los animales fueron modificados genéticamente para que ciertas neuronas brillaran bajo un microscopio fluorescente cuando esas células entran en acción.

Garrett y sus colegas quieren entender qué neuronas están activas y cuándo están activas, a medida que los animales aprenden a percibir el mundo que les rodea. Recientemente, descubrieron que una clase de neuronas, conocidas como interneuronas VIP, se activan cuando los animales ven imágenes desconocidas. El estudio está publicado en la revista científica eLife.

Los ratones se entrenan en una serie de imágenes (por ejemplo, la secuencia de flores y osos) y luego se prueban con esas imágenes familiares y con un segundo conjunto de fotos nuevas. Tienen que lamer la pipeta justo después de que cambie la imagen, ya sea una serie familiar o nueva, o no reciben la recompensa (un trago de agua). Es una configuración artificial: los ratones no evolucionaron para reconocer fotos en un contexto de videojuegos, por supuesto, pero los investigadores están tratando de comprender los principios básicos de cómo el cerebro percibe nuestro entorno y cómo la actividad de las neuronas cambia durante el comportamiento y el aprendizaje.

"La detección de la novedad es crítica para la supervivencia de un animal", según Shawn Olsen, Investigador, quien dirigió el estudio junto con Garrett. "Lo más importante a tener en cuenta en su entorno es cuando algo es inesperado".


De la novedad al aprendizaje.


Las interneuronas VIP son un tipo de neurona inhibidora, la clase general de neuronas cuyo trabajo es suprimir la actividad de otras neuronas. Se encuentran en la capa más externa del cerebro conocida como la corteza. Pero las interneuronas VIP silencian a otras neuronas inhibidoras, por lo que el resultado acumulativo es más actividad cerebral, no menos, el equivalente neuronal de un doble negativo.

No está completamente claro cuál es el resultado final de toda esta actividad en el cerebro, pero los investigadores plantean la hipótesis de que las interneuronas VIP pueden ser detectores de la novedad o importancia general, señalando a otras neuronas qué es  lo más importante hacia lo que deben enfocarse.

 
Neuronas VIP iluminadas.
Imagen: Instituto Allen para la neurociencia

Piensa en la diferencia de esfuerzo mental requerido entre una tarea que se hace todos los días, por ejemplo, cepillarse los dientes, y algo que se intenta por primera vez, como un nuevo pasatiempo. El cerebro no ignora completamente la tarea habitual, pero no requiere tanto esfuerzo mental como algo completamente nuevo.

"Creemos que esta diferencia tiene que ver con el aprendizaje", según Garrett. "Cuando algo te resulta familiar, sabes qué esperar. Puede confiar en sus predicciones internas y conocimientos pasados. Cuando algo es nuevo, debe prestarse más atención para obtener más información".

Para probar esa hipótesis, los investigadores ahora estudian cómo cambia la actividad de las interneuronas VIP con el tiempo. Con la exposición repetida, en algún momento las nuevas imágenes se familiarizarán. ¿Qué sucede en el cerebro en ese punto de inflexión? ¿Y, juegan las interneuronas VIP un papel similar en otras partes del cerebro?

El estudio actual es la primera etapa en un proyecto mucho más grande del Instituto Allen para estudiar cómo reaccionan los diferentes tipos de neuronas visuales en diferentes secciones del cerebro cuando los ratones realizan esta tarea. El proyecto en su totalidad debería generar suficientes datos para permitir a los investigadores abordar estas preguntas de manera más integral y comprender cómo funcionan las neuronas VIP junto con otros tipos de células.

En cuanto a si las interneuronas VIP humanas también reconocen la novedad, eso es imposible de probar de la misma manera: los investigadores obviamente no pueden manipular genéticamente a un humano para estudiar sus neuronas bajo un microscopio. Pero hay razones para pensar que el concepto general podría aplicarse a algo más que a los ratones que ven fotos, según Olsen.

"No me sorprendería si encontráramos un fenómeno similar en el sistema auditivo del ratón o en la parte del cerebro que detecta el tacto". "Este resultado tiene menos que ver con la visión del ratón que con los circuitos centrales de la corteza, que sabemos que se conserva entre los ratones y los humanos".


sábado, 18 de enero de 2020

El tacto. Cómo lo sienten las células del cuerpo.



Los científicos están analizando las proteínas sensibles a la presión que permiten a las células detectar la tensión y la presión.




En algunos animales, tres proteínas en forma de cuchilla juntas forman el canal Piezo1,
 que ayuda a sus células a sentir el tacto. Imagen: David S. Goodsell



El investigador Carsten Bönnemann recuerda haber examinado a una adolescente en un hospital de Calgary, Canadá, en 2013. Como neurólogo pediátrico, a menudo viajaba para evaluar casos desconcertantes. Pero nunca había visto algo así.

Esta adolescente no parecía tener idea de dónde estaban sus extremidades si apartaba la vista de ellas. Le faltaba la sensación de la posición de su cuerpo en el espacio, una habilidad crucial conocida como propiocepción.

El equipo de Bonnemann secuenció los genes de la adolescente y los de otra niña con síntomas similares, y encontró mutaciones en un gen llamado PIEZO2. El momento fue afortunado: solo unos años antes, los investigadores que buscaban los mecanismos que las células usan para detectar el tacto habían descubierto que este gen codificaba una proteína sensible a la presión.

El descubrimiento de Piezo2 y una proteína relacionada, Piezo1, fue un punto culminante en una búsqueda de décadas de los mecanismos que controlan el sentido del tacto. Los Piezos son canales iónicos (puertas en la membrana celular que permiten el paso de iones) que son sensibles a la tensión.

El tacto subyace al funcionamiento de casi todos los tejidos y tipos de células. Los organismos interpretan la fuerza para comprender su mundo, disfrutar de una caricia y evitar estímulos dolorosos. En el cuerpo, las células perciben el paso de la sangre, cómo el aire infla los pulmones y la plenitud del estómago o la vejiga. La audición se basa en células en el oído interno que detectan la fuerza de las ondas sonoras.

En la última década, el estudio de Piezos y otros canales de iones mecanosensibles se ha intensificado. Se han publicado más de 300 artículos solo en Piezos en los últimos tres años. Una de las preguntas más importantes es cómo las proteínas, situadas en la membrana celular, perciben y responden a la fuerza. Mediante el uso de la microscopía crioelectrónica (cryo-EM), los científicos han progresado en el descifrado de la estructura extraña de tres palas de los canales piezoeléctricos, pero no se conseguía descifrar el mecanismo completo. Los investigadores también están encontrando funciones para los canales  Piezos más allá del tacto o la propiocepción. Por ejemplo, Piezos podría ayudar a explicar por qué ciertas personas son resistentes a la malaria y quizás incluso por qué los astronautas pierden densidad ósea mientras están en órbita. Los investigadores ya están empezando a pensar en alterar las proteínas de detección de fuerza con medicamentos para tratar, por ejemplo, el dolor crónico.



El astronauta de la NASA Chris Cassidy trabaja en el avanzado
Dispositivo de Ejercicio Resistivo (aRED) de la Estación Espacial Internacional.
Las proteínas mecanosensibles ayudan a sentir la presión del peso corporal sobre los huesos,
 pero su función disminuye sin la gravedad.
 Los astronautas que viven en el espacio contrarrestan esto
 con entrenamiento de resistencia. Imagen: JSC / NASA



El sentido del tacto


El tacto ha sido durante mucho tiempo un sentido resbaladizo. Otros sentidos, como la vista o el gusto, se entienden mejor, según el investigador Patapoutian: los fotones que llegan al  ojo o los químicos que se infiltran en la nariz y la lengua activan los receptores de una misma familia. Estos receptores desencadenan la apertura de canales iónicos y permiten la entrada de iones positivos. Eso despolariza la célula y convierte el estímulo en una señal eléctrica que el cerebro puede decodificar.

Los científicos sospecharon que en el tacto, la propiocepción y la audición, una proteína actúa como sensor de fuerza y ​​como canal de iones, porque en la audición, la señalización ocurre rápidamente, en microsegundos. Pero la identidad de las proteínas de esas familias de  canales sensoriales permanecía siendo una  incógnita, al menos en los mamíferos. Los investigadores habían encontrado algunos canales mecanosensibles en bacterias, moscas de la fruta y gusanos nematodos.

Entonces el investigador Patapoutian y su colega Bertrand Coste idearon un plan. Comenzarían con un tipo de célula de ratón que sabían que eran capaces de transformar un pequeño toque con una pipeta en una corriente eléctrica medible. Luego, Coste eliminaría los genes candidatos del canal iónico, uno diferente en cada lote de células, y buscaría el lote que, de repente, perdiera su sensibilidad al tacto. Coste comenzó confiado, pensando que llevaría unos meses, tal vez incluso semanas, encontrar un resultado positivo.

Pero costó la mayor parte de un año. Luego, poco antes de finales de 2009, vio algo o, mejor dicho, nada. Coste hurgó con su pipeta, y la célula no respondió. Debería haber eliminado un canal sensible a la fuerza.

Él y Patapoutian llamaron Piezo1 a este gen del ratón, de la palabra griega que significa presión, y pronto identificaron a Piezo2. Más tarde, el equipo vinculó Piezo2 directamente a la sensación táctil en las neuronas sensoriales y en las células de la piel de los ratones.


Cuchillas ocultas


Los investigadores estaban entusiasmados con el resultado, recuerda Goodman, particularmente porque las proteínas piezoeléctricas, codificadas por este gen, eran muy grandes y complejas. Formadas por  más de 2,500 aminoácidos y con un peso de 300 kilodaltons, la estructura de Piezo1 cruza la membrana celular un récord de 38 veces. (A modo de comparación, las proteínas de mamíferos suelen contener unos 500 aminoácidos).

Desafortunadamente, ese tamaño gigantesco obstaculizó a los investigadores que intentaban responder las preguntas más candentes en el campo Piezo: ¿cómo perciben la fuerza los canales? ¿Y cómo se abren y cierran?

Con las técnicas estructurales como la cristalografía de rayos X y la espectroscopía de resonancia magnética nuclear los científicos se esfuerzan  para analizar  proteínas grandes y complejas, según el neurocientífico Bailong Xiao.

Afortunadamente, cuando Xiao estaba configurando su laboratorio en 2013, otra opción para obtener estructuras de alta resolución estaba disponible: la cryo-EM. Su grupo utilizó el método para describir la primera estructura de Piezo1 en 2015, y desde entonces, se han obtenido varias versiones de mayor resolución. En septiembre pasado, Xiao obtuvo una imagen de Piezo2, que es similar a Piezo1 en tamaño y forma. La imagen de Xiao de Piezo2 era la vista más clara hasta el momento de los extremos de las tres cuchillas, que se mueven y, por tanto, son difíciles de capturar para obtener una imagen nítida.


Las imágenes fueron impactantes. Tres proteínas piezoeléctricas se unen en un trímero que se extiende a ambos lados de la membrana plasmática. Desde el poro central, tres brazos giran en espiral como las palas de una hélice. Se curvan hacia arriba y hacia afuera, creando una muesca profunda en la superficie de la célula.


 Patapoutian y Xiao piensan que cuando una fuerza golpea la membrana, las cuchillas mueven los "haces" de proteínas en el interior del canal, que de alguna manera arrastran los poros para abrirlos. Para MacKinnon, la forma inusual en que las cuchillas de Piezos fruncen la membrana sugiere un mecanismo diferente: si un empuje o un tirón aumentan la tensión de la membrana, el canal curvo podría aplanarse, abriendo el poro.


Las hipótesis aún no se pueden probar, porque los investigadores han podido estudiar solo proteínas piezoeléctricas aisladas, separadas de su membrana y en la conformación cerrada. Obtener una imagen  de un Piezo abierto en una membrana debería ayudar a los científicos a comprender sus secretos. Es necesario observarlo en su entorno natural.







Varios laboratorios están tratando de observar un Piezo abierto. El grupo de Patapoutian está utilizando un compuesto activador de Piezo1 que llamó Yoda1 en honor al diminuto maestro Jedi que maneja la fuerza en Star Wars. Patapoutian espera que con Yoda1 presente, Piezo1 pueda abrirse para obtener una imagen. También está interesado en conectar proteínas piezoeléctricas en membranas artificiales llamadas nanodiscos, lo que podría ayudar a estabilizar la conformación abierta. Mientras tanto, Xiao está trabajando con la tomografía crioelectrónica, que consiste en obtener imágenes de la muestra en diferentes ángulos de inclinación, y podría ayudar a aclarar la estructura en una membrana nativa o artificial.





Todavía hay más


En paralelo con los estudios estructurales, los científicos están descubriendo que las proteínas piezoeléctricas tienen diversos roles en nuestro cuerpo.

En 2014, el neurocientífico Alex Chesler, inspirado por el descubrimiento de Coste, estaba creando ratones que carecían de Piezo2 para investigar el papel del canal en el tacto. Entonces, un día, recibió un correo electrónico de Bönnemann, que trabajaba en su edificio, sobre las adolescentes que carecían de propiocepción.

Chesler no podía preguntar directamente a los ratones que carecían de Piezo2 qué sentían, o más bien que no sentían, pero podía preguntarle a las adolescentes.

Él y Bönnemann invitaron a las adolescentes a Bethesda para evaluar su condición más ampliamente. Ambas chicas podrían compensar su discapacidad notablemente bien, usando la visión para ayudarlas a caminar en línea o tocar un objetivo. Pero con los ojos vendados, no lo conseguían. Del mismo modo, podían sentir la vibración de un diapasón contra su piel porque podían escucharlo. Pero si usaban auriculares con cancelación de ruido, no notaban la vibración en absoluto.

Patapoutian encontró el mismo fenómeno en ratones: sin Piezo2 en los nervios que inervan los músculos y los tendones, carecían de propiocepción y se descoordinaban. Su equipo también encontró un papel para Piezo2 en las neuronas sensibles al dolor en la alodinia, un tipo específico de sensación de dolor en el que incluso una caricia suave se siente como un pinchazo con agujas. Algunas personas con dolor neuropático experimentan esta hipersensibilidad todo el tiempo.

Los ratones normalmente muestran alodinia cuando se les inyecta capsaicina, la molécula picante que se encuentra en los pimientos picantes, o después de una lesión nerviosa, pero no si les falta el gen Piezo2. Chesler y Bönnemann también encontraron cambios similares en la percepción del dolor entre las personas con mutaciones PIEZO2.

Tanto Patapoutian como Chesler están buscando compuestos que bloqueen la actividad de Piezo2 en un sitio de dolor, sin interferir con las otras funciones de la proteína en todo el cuerpo.

No solo las neuronas necesitan sentir el tacto; Casi todas las células están sujetas a algún tipo de fuerza. Por ejemplo, los glóbulos rojos, que se deforman para escurrirse a través de pequeños capilares. Las mutaciones que hiperactivan Piezo1 hacen que las células sanguíneas se marchiten, y pueden provocar anemia en personas con una condición rara conocida como estomatocitosis hereditaria deshidratada.

Esas células sanguíneas deformadas le recordaron a Patapoutian la anemia falciforme. La mutación del gen de células falciformes ha persistido en muchas personas de ascendencia africana porque protege contra la malaria, y Patapoutian se preguntó si las mutaciones PIEZO1 podrían hacer lo mismo.

Si es así, debería haber una tasa relativamente alta de tales mutaciones en personas de ascendencia africana. Las búsquedas en la base de datos revelaron que Patapoutian tenía razón: de hecho, en la base de datos, una variante particular de PIEZO1 apareció en un tercio de las personas con ascendencia africana. Otro equipo de investigadores publicó que los portadores de esta mutación PIEZO1 son resistentes a la malaria grave.

Piezo1 también tiene una función en la formación y mantenimiento de huesos, según el trabajo del laboratorio de Xiao. Cuando su equipo eliminó el gen Piezo1 en osteoblastos de ratón, las células que producen los huesos, los animales crecieron más cortos y más delgados de lo normal. Los huesos largos que soportan el peso corporal eran más ligeros, más delgados y más débiles que en los ratones control.

Además, los ratones de tipo salvaje a los que se les mantenía suspendidos parcialmente en el aire, por lo que no tenían que soportar su peso corporal completo, mostraban niveles más bajos de expresión de Piezo1 y masa ósea. Es un fenómeno muy parecido a lo que les sucede a las personas con osteoporosis, los que están en cama y los astronautas y cosmonautas a bordo de la Estación Espacial Internacional.

Puntos de presión


Los científicos interesados ​​en la audición han estado persiguiendo el canal relevante durante cuatro décadas. "Ha habido muchas pistas falsas en el camino", dice Jeffrey Holt, neurocientífico "Ahora creemos que tenemos un conocimiento bastante sólido".

La proteína del canal clave se llama TMC1. Cuando Holt alteró los aminoácidos en TMC1, el procedimiento cambió la capacidad de las células del oído interno para traducir señales mecánicas en eléctricas. Otro informe mostró que el TMC1 purificado es capaz de crear un canal iónico mecanosensible en burbujas membranosas artificiales. Sin embargo, la estructura de TMC1 sigue siendo un misterio, porque la proteína ha sido difícil de purificar en cantidades suficientes para obtener buenas imágenes de cryo-EM.

El equipo de Patapoutian, mientras tanto, está buscando familias de canales completamente nuevas. En 2018, informó lo que creen que podría ser el grupo más grande de canales activados mecánicamente. Conocían una familia de proteínas que ayuda a las plantas a sentir la presión osmótica, las proteínas OSCA, y razonaron que podrían sentir la fuerza de manera más general. En las células renales humanas, los OSCA respondieron efectivamente al estiramiento de la membrana celular.



Estructura Cryo-EM de OSCA1.2.
Los canales OSCA son parientes cercanos de las proteínas piezoeléctricas
y detectan la presión osmótica en las células vegetales.
 Imagen: Sebastian Jojoa-Cruz / Ward lab



Los investigadores también sabían por estudios previos que las proteínas OSCA estaban estrechamente relacionadas con otra familia de proteínas en mamíferos, las proteínas TMEM63. Los canales TMEM63 de ratones, humanos e incluso moscas de la fruta también respondieron al estiramiento, por lo que las proteínas OSCA y TMEM63 forman una gran familia de sensores de fuerza que es común a muchos seres vivos.

Los canales descubiertos hasta ahora no pueden explicar todos los casos de mecano-sensibilidad celular. Más mecanosensores deben estar siendo elusivos a las investigaciones. Y esos sensores probablemente tienen más funciones de los que se conocen hoy. Por ahora, apenas se ha  rascado la superficie.


Basado en: Nature 577, 158-160 (2020). doi: 10.1038/d41586-019-03955-w

martes, 7 de enero de 2020

La evolución del aprendizaje vocal



De los trinos de las aves  al habla humana.



 Resultado de imagen de loros

El neurobiólogo Erich Jarvis tiene una razón simple para estudiar la evolución del lenguaje hablado: es un principio fundamental de la humanidad.

Pero este rasgo, por supuesto, no es realmente exclusivo de los humanos: un puñado de otros grupos de animales tienen talento para el aprendizaje vocal. Ese término, que es un componente específico del lenguaje hablado, significa que el animal tiene la capacidad de imitar y repetir una variedad de sonidos. Eso contrasta con la mayoría de las vocalizaciones de animales, que son principalmente instintivas y no aprendidas: los animales sin aprendizaje vocal que nacen sordos seguirán haciendo los mismos ruidos que sus compañeros oyentes.

El científico Erich Jarvis, que dirige un equipo de investigación en la Universidad Rockefeller en la ciudad de Nueva York, quiere comprender cómo evolucionaron nuestros cerebros para permitir el rico lenguaje hablado por la humanidad, que requiere no solo aprender nuevos sonidos y los significados detrás de ellos, sino también un control motor fino de nuestras laringe, la estructura especial que nos permite hacer tantos sonidos diferentes. A través de sus investigaciones, piensa que también ha encontrado algo  previamente desconocido: los cerebros pueden evolucionar para permitir nuevos rasgos, como el habla, un fenómeno que él llama "duplicación de vías cerebrales".

Los neurocientíficos que estudian comportamientos comunes pueden usar modelos animales como el ratón de laboratorio para arrojar luz sobre cómo funciona el cerebro en general. Pero es una tarea complicada identificar los genes y los circuitos neuronales que subyacen a un fenómeno raro como el aprendizaje del habla o la voz. Los ratones no hablan. Entonces, para muchos de sus estudios, Jarvis utiliza pájaros.

Unos pocos grupos de pájaros como los  pájaros cantores, los  loros y los colibríes, pueden aprender y repetir sonidos complejos similares al lenguaje hablado, sonidos que se transmiten de las generaciones anteriores a las nuevas, al igual que los niños pequeños aprenden a balbucear y luego hablan imitando e interactuando con sus padres.

La canción del pájaro no es idéntica al habla humana, pero hay paralelismos. Con raras excepciones, los pájaros cantores no usan vocalizaciones para comunicar un significado abstracto, como lo hacemos los humanos en la conversación, en los discursos, en las canciones. En su mayoría usan sus habilidades avanzadas de emitir sonidos  que atraigan a los compañeros, aunque también tienen ciertas melodías que indican que un depredador está cerca, incluso comunicando el tamaño del depredador.

Jarvis no es el único investigador que estudia los variados trinos de los pájaros cantores. Muchos laboratorios usan pinzones cebra como modelo para nuestros propios trastornos del lenguaje y del habla, pero hasta hace poco, era difícil establecer paralelismos directos entre la conversación humana y el chirrido staccato de estas pequeñas criaturas.


 Los genes que nos dejan hablar




Melodías de los pájaros cantores: 
estos pinzones cebra son del mismo tipo que Jarvis estudia en su laboratorio Rockefeller.



Hace varios años, Jarvis y sus colegas, publicaron una comparación histórica del cerebro de los pájaros cantores y los cerebros humanos, mostrando que tanto los genes como las regiones de los cerebros utilizados para el canto de los pájaros y para el habla humana son similares. Las aves que no muestran aprendizaje vocal (observaron los cerebros de las palomas y las codornices) no tienen las mismas regiones cerebrales ni los  genes relacionados con la generación de melodías. Ni tampoco nuestros parientes primates que no hablan.

Los investigadores saben que el aprendizaje vocal evolucionó de forma independiente en los pájaros cantores y en los humanos, por lo que estos resultados son un ejemplo de evolución convergente, donde, con el tiempo, nuestros genes  evolucionaron hacia la misma solución. Lo que eso significa es que probablemente  hay formas limitadas en que los animales pueden adquirir el lenguaje hablado, o tal vez, solo hay una posibilidad.

"Parece que hay un camino central limitado en el que se establece la evolución", "En otro medio millón de años a partir de ahora, si otra especie desarrolla el aprendizaje vocal, se podría predecir cómo será la vía de expresión génica de esa especie".

Esos hallazgos también significan que los pájaros cantores son, después de todo, una buena aproximación  para que los científicos estudien el habla humana, especialmente los patrones y circuitos cerebrales que subyacen en el habla y el lenguaje. Esa es una buena noticia para los muchos laboratorios que ya estaban usando pinzones cebra para estudiar el habla.

Pero para Jarvis, uno de los mejores resultados es que ahora pueden investigar una vía completamente nueva de evolución cerebral.


De pájaros a ratones


El equipo de investigación descubrió que los circuitos de aprendizaje vocal compartidos están integrados en las mismas vías cerebrales que, tanto nosotros como las aves, utilizamos para aprender a movernos: las vías motoras del cerebro anterior. Esta parte del cerebro es mucho más antigua, evolutivamente hablando, que el habla.

Hay un fenómeno en la evolución en el que un gen hace una copia extra de sí mismo, al azar. Con el tiempo, esa segunda copia, liberada de la presión de su propósito original, puede cambiar más rápidamente. Ocasionalmente, los genes copiados evolucionan para asumir un nuevo trabajo.

Jarvis cree que esto sucedió para una vía cerebral completa.

No hay evidencia de que alguna vez se haya duplicado una vía cerebral completa. Pero la teoría tiene sentido frente a los datos que los investigadores tienen hasta ahora. Las vocalizaciones son en sí mismas un tipo de movimiento especializado de la laringe, la caja de la voz, junto con otros moduladores orales de los sonidos. Uno puede ver paralelismos entre cómo movemos nuestros cuerpos enteros y cómo movemos esta pequeña estructura que produce el habla. Jarvis cree que todo puede haber sido impulsado por la duplicación aleatoria de un solo gen involucrado en el desarrollo del cerebro.

Jarvis y su equipo ahora están estudiando más profundamente los paralelismos entre los genes de aprendizaje vocal y los genes de aprendizaje motor en el cerebro. Y están comparando, entre pájaros y mamíferos, los tipos de células cerebrales, usando el conjunto de genes que cada célula activa o apaga, para comprender mejor la evolución del cerebro en general. El propio laboratorio de Jarvis está secuenciando muchas de estas células cerebrales de aves, y está comparando esos resultados con un conjunto de datos similar de células cerebrales humanas y de ratón existentes en la Base de Datos  del Instituto Allen.

Después de todo, también están recurriendo al ratón de laboratorio para ver qué sucede si un mamífero sin aprendizaje vocal recibe un impulso de algunos de esos genes especializados. Quieren diseñar un ratón que incorpore y active los genes del aprendizaje vocal humano en la vía motora del cerebro, para ver si pueden forzar el tipo de evolución que suponen que sucedió en humanos y en los pájaros cantores.

En cuanto al canto de los pájaros, Jarvis no abandonará su investigación en el corto plazo. Comenzó a estudiar pájaros cantores porque quería entender el lenguaje humano, pero los pájaros pronto llamaron su atención por derecho propio.

Pensó que eventualmente se alejaría del aprendizaje vocal en pájaros, porque encontrarían la equiparación al habla humana, pero siguen aprendiendo cada vez más y ahora están estudiando ambos en paralelo. Las aves también son criaturas fascinantes en sí mismas.

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viernes, 20 de diciembre de 2019

Las proteínas de la sangre revelan nuestra edad




¿Cómo se  puede saber cuántos años tiene alguien? Por supuesto, se puede curiosear  su Documento de Identidad  o buscar signos de arrugas faciales y canas. Pero, como los investigadores acaban de encontrar en un nuevo estudio, también podría acercarse bastante a la respuesta el resultado de un análisis de sangre.


Resultado de imagen de sangre
 Eso puede parecer sorprendente. Pero en un estudio reciente publicado en Nature Medicine, un equipo de investigación  pudo medir la edad de una persona de manera bastante aproximada al analizar una muestra de sangre para detectar niveles de unos pocos cientos de proteínas. Los resultados ofrecen nuevas ideas importantes sobre lo que sucede a medida que envejecemos. Por ejemplo, el equipo sugiere que el proceso de envejecimiento biológico no es constante y parece que se acelera periódicamente, con algunas explosiones más grandes, en promedio, alrededor de los 34, los 60 y los 78 años.

Estos hallazgos indican que un día puede ser posible diseñar un análisis de sangre para identificar a las personas que envejecen biológicamente más rápido que otras. Esas personas podrían estar en riesgo por problemas cardiovasculares, enfermedad de Alzheimer, osteoartritis y otros problemas de salud, a una edad más temprana de lo esperado.

Además, este trabajo aumenta la esperanza de intervenciones que pueden ralentizar el "reloj proteómico" y quizás ayudar a mantener a las personas biológicamente más jóvenes que su edad cronológica. Tal escenario puede sonar como pura fantasía, pero este mismo grupo de investigadores demostró hace unos años que, de hecho, es posible rejuvenecer un ratón más viejo incorporándole sangre de un ratón mucho más joven.

Esos y otros hallazgos anteriores del laboratorio de Tony Wyss-Coray, de la Stanford School of Medicine, plantearon la tentadora posibilidad de que ciertas sustancias en la sangre joven puedan revitalizar el envejecimiento del cerebro y otras partes del cuerpo. En busca de pistas adicionales en el nuevo estudio, el equipo de Wyss-Coray rastreó cómo cambia la composición proteica de la sangre a medida que las personas envejecen.

Para encontrar esas pistas, aislaron plasma de más de 4,200 individuos sanos entre las edades de 18 y 95 años. Luego, los investigadores utilizaron datos de más de la mitad de los participantes para armar un "reloj proteómico" del envejecimiento. Dentro de ciertos límites, el reloj podría predecir con precisión la edad cronológica de los 1,446 participantes restantes del estudio. Las mejores predicciones se basaron en solo 373 de las casi 3.000 proteínas analizadas en el estudio.

Como validación adicional, el reloj también predijo de manera fiable la edad cronológica correcta de cuatro grupos de personas que no estaban en el estudio. Curiosamente, fue posible hacer una predicción de edad aproximada basada en solo nueve de las proteínas más informativas del “reloj proteómico”.

Los hallazgos muestran que los cambios proteómicos surgen con la edad, y es probable que tengan implicaciones importantes y aún desconocidas para la salud. Después de todo, esas proteínas que circulan en el torrente sanguíneo provienen no solo de las células sanguíneas sino también de las células de todo el cuerpo. Curiosamente, según los investigadores, las personas que parecían biológicamente más jóvenes que su edad cronológica real en función de sus proteínas sanguíneas, también obtuvieron mejores resultados en las pruebas cognitivas y físicas.

La mayoría de nosotros vemos el envejecimiento como un proceso gradual y lineal. Sin embargo, la evidencia del análisis de proteínas sugiere que, biológicamente, el envejecimiento sigue un patrón más complejo. Algunas proteínas aumentaron o disminuyeron gradualmente con el tiempo de una manera casi lineal. Pero los niveles de muchas otras proteínas aumentaron o disminuyeron a lo largo del tiempo de forma no linear. Por ejemplo, una proteína neural detectada en la sangre permaneció constante hasta alrededor de los 60 años, y a esa edad sus niveles se dispararon. Todavía queda por investigar por qué eso es así.



Como se ha indicado antes, los investigadores encontraron evidencia de que el proceso de envejecimiento incluye una serie de tres estallidos. Wyss-Coray dijo que le pareció especialmente interesante que el primer estallido ocurra a principios de la mitad de la vida, alrededor de los 34 años, mucho antes de que se manifiesten los signos comunes de envejecimiento y sus problemas de salud asociados.

También es bien sabido que los hombres y las mujeres envejecen de manera diferente, y este estudio se suma a esa evidencia. Alrededor de dos tercios de las proteínas que cambiaron con la edad también diferían entre los sexos. Sin embargo, debido a que el efecto del envejecimiento en las proteínas más importantes estudiadas es mucho más fuerte que las diferencias de género, el reloj proteómico aún podría predecir con precisión las edades de todas las personas.

En general, los resultados muestran que las sustancias proteicas en la sangre pueden servir como una medida útil de la edad cronológica y biológica de una persona y que las sustancias en la sangre pueden desempeñar un papel activo en el proceso de envejecimiento. Wyss-Coray informa que su equipo continúa profundizando en sus datos, con la esperanza de aprender más sobre los orígenes de proteínas particulares en el torrente sanguíneo, lo que significan para nuestra salud y cómo potencialmente se podría hacer retroceder el reloj proteómico.


Basado en:

Undulating changes in human plasma proteome profiles across the lifespan. Lehallier B, Gate D, Schaum N, Nanasi T, Lee SE, Yousef H, Moran Losada P, Berdnik D, Keller A, Verghese J, Sathyan S, Franceschi C, Milman S, Barzilai N, Wyss-Coray T. Nat Med. 2019 Dec;25(12):1843-1850. 

martes, 10 de diciembre de 2019

Endorfinas y otros neuropeptidos





 Estas pequeñas proteínas revelan un nuevo tipo de diversidad cerebral.



Un estudio halla que las endorfinas y otros neuropéptidos varían ampliamente entre los tipos de células cerebrales y apuntan a nuevos objetivos posibles para las drogas psiquiátricas


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Imagen: Un nuevo estudio examinó los componentes básicos del cerebro del ratón, sus tipos de células, mediante el análisis de una clase de proteínas pequeñas conocidas como neuropéptidos. A la izquierda, las células cerebrales del ratón se representan como puntos de colores, agrupados por los genes que activan y desactivan. A la derecha, las mismas células se agrupan basándose solo en neuropéptidos y genes relacionados con neuropéptidos.



El científico Stephen Smith había estado esperando un cierto tipo de conjunto de datos durante mucho tiempo. Este científico del  Instituto Allen tiene un gran interés en la diversidad cerebral, no en el sentido de que el cerebro de una persona sea diferente al de otra, sino en la variada e increíble variación dentro de un solo cerebro.

Hay muchas maneras diferentes de explorar este tipo de diversidad, pero un conjunto de datos publicado el año pasado por compañeros  de Smith en el Instituto Allen ofrece una pista única a esta pregunta: ¿Por qué nuestros cerebros tienen tantos tipos diferentes de neuronas y tipos diferentes de conexiones entre esas neuronas?

Ese conjunto de datos, y otros de su tipo, son catálogos de tipos de células cerebrales del ratón o de  la corteza humana, la capa más externa del cerebro. Estos datos revelaron que hay sustancialmente más tipos únicos de células cerebrales en un solo ratón o en un cerebro humano de lo que se pensaba anteriormente, unas 100 o más en solo una o dos regiones de la corteza cerebral. Para Smith, esos conjuntos de datos del tipo de células cerebrales también fueron el punto de partida para explorar otra capa más profunda de diversidad cerebral: la variación entre sinapsis, los puntos de conexión entre las neuronas.

"Las sinapsis son claramente muy diversas en estructura y función, pero, hasta ahora, esta diversidad ha resultado muy difícil de comprender sistemáticamente", según Smith. "Este es un problema clave que hay que abordar porque creemos que la diversidad de sinapsis es fundamental para el funcionamiento de nuestros cerebros".

Resultado de imagen de endorfinasEn un estudio publicado recientemente en la revista científica eLife, Smith y sus colegas del Instituto Allen describen una posible conexión entre la diversidad de células cerebrales y la diversidad de sinapsis: una gran clase de proteínas pequeñas conocidas como neuropéptidos. Probablemente se piense en  el  neuropéptido más famoso, las endorfinas, pero hay cerca de 100 tipos más. Sus nuevos hallazgos implican que los neuropéptidos podrían ser la base de muchos aspectos de la diversidad cerebral y podrían ser objetivos prometedores para tratamientos psiquiátricos más específicos. El estudio publicado se centra en los tipos de células cerebrales del ratón, pero los investigadores también están analizando las células cerebrales humanas.


Cómo se sintoniza el cerebro



Resultado de imagen de enlace sinapticoLos científicos tienen una comprensión general de cómo las sinapsis transmiten mensajes entre las neuronas: una neurona transmite una señal eléctrica que estimula la liberación de pequeñas moléculas conocidas como neurotransmisores en la sinapsis, el espacio increíblemente delgado entre dos neuronas. Dependiendo del tipo de señal que se envía, los neurotransmisores hacen que la neurona vecina dispare su propia señal eléctrica o impiden esa señal.

Pero esas dos opciones  de la sinapsis – excitar o inhibir - son solo una pequeña parte de los posibles tipos de comunicación. Si los neurotransmisores son las palabras a través de las cuales las neuronas juntan una oración, hay todo un universo de otras neuromoléculas que alteran el tono de voz, el volumen y el significado final de esos mensajes neuronales.

Los neuropéptidos son una de esas moléculas de ajuste fino. Están  implicados en el estado de ánimo (endorfinas, por ejemplo, que causan el fenómeno conocido como la euforia del corredor), el apetito, el dolor, el consumo de alcohol, la presión arterial y el sueño. Pero exactamente cómo y dónde actúan en el cerebro está menos claro.

Al examinar los extensos datos disponibles públicamente sobre los tipos de células cerebrales de ratones, Smith descubrió que "los genes de neuropéptidos resultaron ciertamente sorprendentes". Los genes que codifican los neuropéptidos no solo se activaron o expresaron en casi todas las neuronas individuales de los ratones, sino que su expresión fue increíblemente diversa. Cada tipo de neurona que formaba parte del  conjunto de datos activa una colección diferente de genes de neuropéptidos. Esa diversidad no se da en otros tipos de moléculas de neuroseñalización, como los neurotransmisores.

"Nunca podríamos haber descubierto que los neuropéptidos se expresan en todas las neuronas que observamos hasta que tuvimos este conjunto de datos que captura tanta información a nivel de células individuales", según Smith. "Lo primero que pensé fue, tal vez hemos encontrado un nuevo principio de cómo estos innumerables tipos de células trabajan juntos para ajustar la señalización sináptica de cada uno".


¿Por qué tenemos tantos tipos de células cerebrales?


¿Podría la diversidad de neuropéptidos realmente conducir a la diversidad neuronal?. Los científicos saben que los neuropéptidos han existido durante mucho, mucho tiempo. Muchas de estas pequeñas proteínas no han sido alteradas por los cientos de millones de años de evolución que separan a todas las criaturas que tienen neuronas.

Este análisis también plantea nuevas preguntas sobre cómo los diferentes tipos de neuronas trabajan juntas. Cada neuropéptido encaja en un receptor neuropéptidico específico, como una llave en una cerradura. Al observar dónde se activa cada neuropéptido y su receptor correspondiente en el conjunto de datos de tipos de células cerebrales, los investigadores predijeron qué tipos de neuronas podrían comunicarse entre sí utilizando estas pequeñas proteínas.

Los neuropéptidos también podrían ser un buen objetivo para las nuevas terapias psiquiátricas. La mayoría de los medicamentos psiquiátricos modernos se dirigen a otros tipos de moléculas de señalización cerebral, como la dopamina y la serotonina, que son mucho más ubicuas en todo el cerebro. Dirigirse a un solo neuropéptido podría limitar los efectos de una terapia a un conjunto más pequeño de neuronas, o incluso a un tipo específico de célula cerebral, lo que podría significar menos efectos secundarios.

Los neurocientíficos han estado trabajando durante años para definir los diferentes bloques de construcción del cerebro de los mamíferos, los tipos de células. Encontrar esos elementos básicos abre muchas nuevas vías y preguntas, según Michael Hawrylycz, biólogo computacional en el Instituto Allen, quien también es coautor del estudio de neuropéptidos.

“La agrupación de datos a gran escala ha identificado muchos tipos de células cerebrales que muestran correspondencia a lo largo de los tejidos y de las especies. Ahora podemos comenzar a preguntarnos sobre lo que significan los grupos de células que emergen de esos datos”, según Hawrylycz. "Este es un ejemplo de un tipo profundo de análisis de los tipos de células, algo que apenas estamos comenzando a desentrañar".


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