sábado, 21 de mayo de 2016

¿Qué le hace el alcohol a nuestro cerebro?


¿Por qué el alcohol nos hace sentir primero tan bien y luego tan mal?


 Tras una fiesta con abundante alcohol, nuestra cabeza amanece turbia. ¿Por qué esta sensación?. ¿Qué le hace el alcohol a nuestro cerebro?

Los científicos están empezando ahora a desentrañar exactamente por qué el alcohol puede ser tan tóxico para nuestras células cerebrales. Siempre hemos supuesto que el alcohol se descompone en nuestro  cerebro, pero necesitamos saber exactamente cómo lo hace.

Cada vez nos damos más cuenta de que el alcohol daña el cerebro de una forma muy efectiva - e incluso puede desencadenar un proceso de  inflamación dentro del cerebro – y no solo eso, sino que también estamos viendo cuánto tiempo duran estos efectos. Este conocimiento es crucial para entender la dependencia del alcohol, y obtener tratamientos eficaces.


¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando tomamos una bebida?. ¿Por qué sabe tan bien ese primer sorbo?


Ese primer trago de vino o cerveza hace que rápidamente se den cambios en dos tipos de transmisores químicos del cerebro. Estos cambios orquestan la mayor parte de los efectos del alcohol en nuestros pensamientos, sentimientos y movimientos.

Uno de estos transmisores químicos, llamado GABA, actúa como un sedante para calmar el cerebro, mientras que el otro neurotransmisor, llamado glutamato, excita el cerebro y hace que sea más activo. El alcohol aumenta rápidamente la función del transmisor inhibidor GABA, por lo que una primera bebida inmediatamente nos relaja.

Una de las primeras áreas del cerebro afectadas por este desequilibrio entre el GABA y el glutamato es el lóbulo frontal, que se encuentra justo detrás de la frente, y abarca rasgos como la atención, la planificación y la impulsividad. El lóbulo frontal es exquisitamente sensible al alcohol, y por esto es por lo que las personas se desinhiben rápidamente. Pero  si seguimos bebiendo más, acabamos perdiendo nuestra  capacidad de pensar con claridad e integrar todos nuestros pensamientos.

Una de las siguientes áreas del cerebro que resulta afectada es el cerebelo, que se encuentra en la base de nuestro cerebro, en la parte posterior de la cabeza, y es crucial para el control fino del movimiento. Si el alcohol consigue paralizar nuestro cerebelo, nuestros movimientos se hacen sin coordinación, y nuestra lengua se traba. Nuestra habla se vuelve confusa. Los músculos a través de todo nuestro cuerpo se ven afectados, incluso en nuestros ojos. Es por esto que la visión se vuelve borrosa, ya que  aunque los ojos todavía vean bien en términos de visión, los músculos del ojo ya no están funcionando correctamente y por ello los ojos no acaban de estar mirando en la misma dirección.

Al día siguiente, nuestra memoria es difusa y con grandes lagunas. Esos recuerdos difusos de la noche anterior se deben a un desequilibrio en el hipocampo, que es vital para la memoria. Esta área del cerebro es sensible a los cambios en el glutamato, y cuando los niveles de este neurotransmisor empiezan a estar fuera de control, el hipocampo sigue esforzándose por registrar los recuerdos, pero no siempre lo consigue.


Y cuando dejamos de beber, nuestro cerebro tiene dificultad para volver a reajustarse a la situación.


Una vez que el alcohol está fuera de la corriente sanguínea, la cantidad del neurotransmisor inhibidor GABA cae, pero la cantidad del neurotransmisor glutamato - que excita el cerebro -  es todavía  muy alta. Esto puede conducir a la sensación de ansiedad, a que tengamos  temblores y a que nuestro  sueño esté alterado. Si hemos estado bebiendo con mucha intensidad, este cambio repentino puede incluso conducir a un síndrome de abstinencia tras tres o cuatro días de sobriedad, llegándose en casos extremos a experimentar un delirium tremens.

Otro neurotransmisor que también resulta alterado es la dopamina,  lo que puede conducir a un bajo estado de ánimo cuando su acción se debilita por debajo de los niveles habituales.



La imagen muestra un escaneo del cerebro de una persona con dependencia del alcohol.
 (En azul) las áreas con menos materia gris. (Imagen cortesía del Imperial College of London).


Un nivel elevado de glutamato es una mala noticia para nuestras células cerebrales. Este neurotransmisor en altas dosis puede resultar tóxico, ya que parece destruir todas las delicadas conexiones entre las células del cerebro, tal como se podaría un arbusto hasta que el muñón quedara al descubierto.

Por tanto, tras una fiesta con abundante bebida, vamos a tener algunos días duros hasta que nuestro sistema se reajuste y los neurotransmisores en nuestro cerebro recuperen sus niveles normales. Y sin duda, llevará más tiempo cuanto mas viejos seamos, ya que el cerebro tarda más en recuperarse.

Es por tanto una buena idea, no ya prescindir del alcohol, pero si ingerirlo en cantidades razonables, por el bien de las neuronas de nuestro cerebro y por nuestro futuro bienestar.