domingo, 21 de agosto de 2016

¿Cómo podemos reducir el riesgo de desarrollar Alzheimer?


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El Alzheimer es una enfermedad muy compleja y que claramente viene determinada por factores genéticos y ambientales. Todavía no nos es posible actuar sobre los factores genéticos que determinan nuestra predisposición a sufrir ciertas enfermedades, menos aún las que afectan a nuestra salud mental dado el bajo nivel de conocimiento que los científicos tienen en la actualidad sobre la determinación genética del cerebro.

Pero sí que se conoce, básicamente a través de estudios epidemiológicos, el cómo algunos factores del comportamiento afectan a la aparición y al desarrollo de una de las enfermedades que mas está creciendo en nuestra sociedad actual. El Alzheimer es la forma de demencia más común, que afecta a unos 36 millones de personas en todo el mundo. El gran factor de riesgo para sufrir Alzheimer es la edad, y la probabilidad de desarrollar esta enfermedad se dobla cada cinco años a partir de los 65. Por tanto, conforme aumenta la longevidad de la población, lo hace también el volumen de enfermos.

El gran drama para los afectados por esta enfermedad viene del hecho de que las compañías farmacéuticas, que están invirtiendo inmensas cantidades de dinero en la búsqueda de un fármaco eficaz, todavía no han conseguido encontrar ninguno que sea realmente efectivo en humanos.

Por ello, es tan relevante encontrar factores en nuestra forma de vida que reduzcan o dilaten el riesgo de desarrollar Alzheimer. ¿Y cuales podrían ser estos factores?

  • Mantener una dieta adecuada: Probablemente resulta familiar la idea de que el pescado es un buen "alimento para el cerebro", debido a que es rico en aceites omega, pero, de hecho, hasta ahora la evidencia es contradictoria y no concluyente. Sin embargo, nadie duda de los beneficios de mantener una dieta sana y equilibrada, ya que previene el aumento de peso excesivo y es importante para una buena salud cardiovascular. Y aunque todavía no está claro si vale la pena gastar dinero en suplementos de aceite de pescado, hay buena evidencia de que la adhesión a una dieta mediterránea puede reducir la tasa de deterioro cognitivo relacionado con la edad y reducir el riesgo de Alzheimer.

  • Dormir bien: Los trastornos del sueño están vinculados a la enfermedad de Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas, así como a los trastornos neuropsiquiátricos tales como la ansiedad, el estrés y la depresión. En la mayoría de estas condiciones, los trastornos del sueño parecen surgir décadas antes que otros síntomas, y pueden ser la más temprana manifestación que podemos observar. Toda la evidencia sugiere que la relación es bidireccional, es decir, unos pobres patrones de sueño pueden conducir a cambios cerebrales patológicos, que a su vez pueden exacerbar los trastornos del sueño.

  • Ejercitar su cerebro: El cerebro es como un músculo que necesita ser tensado con regularidad para mantenerse en buen estado de funcionamiento. No hay evidencias de que los caros programas de entrenamiento cerebrales que se anuncian  tengan un resultado apreciable para la salud general del cerebro, pero sí que existe alguna evidencia de que mantener el cerebro activo, leyendo, haciendo rompecabezas, o aprendiendo un nuevo idioma o un instrumento musical podría retrasar la aparición de la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia.

  •  Ejercitar su cuerpo: Lo que es bueno para el corazón es bueno para el cerebro, y así el mantener una buena salud cardiovascular es esencial para un cerebro sano. Lo más importante para mantener el corazón sano es dejar de fumar. También lo es hacer ejercicio con regularidad. Esto no sólo reduce el riesgo de enfermedades del corazón y la diabetes, sino que también reduce el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular.

  •  Ir a clase: La educación tiene un efecto neuroprotector. Hay buena evidencia de que a mayor nivel de educación de una persona, menor es el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer, y mejor es capaz de hacer frente a la enfermedad cuando se desarrolla. Del mismo modo, cuanto más educada es una persona, mejor va a recuperarse después de un derrame cerebral u otra lesión cerebral.

  •  Mantenerse motivado: Al igual que con la educación, tener un propósito en la vida, u orientarse hacia la consecución de un objetivo específico, también tiene un efecto neuroprotector. Todavía no se sabe exactamente el por qué. Lo que sí parece claro, sin embargo, es que nunca es demasiado tarde para volver a clase o aprender una nueva habilidad, y que la motivación de uno mismo para hacerlo puede ser beneficioso para el cerebro.

 Si bien cada uno de los factores enumerados anteriormente se ha demostrado que influyen en el riesgo de Alzheimer, muchos de los efectos observados son muy sutiles. Puede darse el caso de que las combinaciones de estos factores tengan un efecto acumulativo en la reducción del riesgo de Alzheimer, pero esto aún está por verse, ya que gran parte de la investigación de los llamados factores de riesgo modificables se encuentra todavía en su infancia.


Mientras aumenta el conocimiento, tanto de la causa que provoca la aparición de la enfermedad de Alzheimer, como del tratamiento adecuado para evitar o paliar su desarrollo, el tener en cuenta estos factores nos ayudará a poner nuestro granito de arena.